«Pongo en duda cómo la sociedad trata el dolor» Death Café. Castellano/Català

«Pongo en duda cómo la sociedad trata el dolor: en lugar de afrontarlo, huimos de él despavoridos»

Versión Castellano

Un grupo de personas desconocidas se reunieron el viernes 28 de febrero para hablar y compartir opiniones relacionadas con la muerte. Sin ideologías, sin duelo, y alrededor de cafés y pastas, hablaron de aquello que todos tenemos en común: que un día moriremos. Estas reuniones se llaman Cafés de la Muerte (death cafe)

Los asistentes llegaron puntualmente y no sin cierta curiosidad fueron tomando sitio alrededor de una mesa. Después de las presentaciones, Jordi Abad, dinamizador de este encuentro, agradeció la buena acogida y el interés mostrado y a continuación explicó qué es un Café de la Muerte y cuando y donde surgió la idea de organizarlos, añadiendo que el objetivo es naturalizar la muerte, hablando sin tabúes, sin pretender extraer conclusiones, de una manera relajada y sin confrontaciones, alrededor de una taza de café, con desconocidos, en un contexto diferente, en un ambiente distendido y con otros puntos de vista. Finalmente puntualizó que como no se trata de hacer ni terapias ni duelos, para un buen funcionamiento se intentará no profundizar en experiencias demasiado personales. Confiesa que es un tema que le fascina, y lo que pretende es hablar de la muerte con libertad y, por qué no, con humor.

Para romper el hielo, reparte un escrito a cada asistente, en el que se ha copiado el texto de una “Carta al Lector”, publicada en el Periódico del mismo día 28 de Febrero:

El debate de la eutanasia

Cuando llega la hora

Vivir en un país donde las leyes también se preocupan de que si la sociedad quiere, pueda, es más saludable. Ayer fue el divorcio, el aborto, el matrimonio entre el mismo sexo; hoy es la eutanasia. Para mí quizás sea lo más importante, sobre todo por mi estado físico, no por mi manera de pensar (espero no utilizarla nunca). Si un día, harto de vivir porque todo me duele y todo me entristece, sé que està ahí porque libremente y sin tener que implicar a nadie pueda utilizarla. Estoy hablando de mí porque parece que por tener el cuerpo paralizado la gente quiera marcharse, y no es así.

Lo cierto es que la mayoría de la sociedad te rechaza, últimamente menos. Y si a eso le añades que la Administración no te tiene en cuenta, la vida se convierte en una lucha diaria y, en algunos casos, como el de Ramón Sampedro, te lleva al suicidio. Esto no quiere decir que para que la eutanasia sea legal, aprovecho y la utilizo.

Yo no me he divorciado, no he abortado y no me he casado con nadie de mi mismo sexo; pero infinidad de personas de este país han agradecido que también se legisle para que la vida sea más llevadera y, en definitiva, más feliz. En el caso de la eutanasia parece que sea contradictorio, pero la felicidad también es morir cuando llega tu hora, no cuando lo decida una máquina que eterniza una agonía latente. Las personas con discapacidad -ayudadas con unos servicios suficientes- serán las últimas que hagan uso de esta ley.

Andrés Hinarejos. Pensionista. Barcelona

A partir de aquí los asistentes fueron tomando la palabra y fueron desgranando qué es lo que opinan: «la eutanasia todavía está muy lejos«; «es muy interesante, es una decisión que es irrevocable, no podemos volver atrás«. Jordi matiza que él con lo que se quedaría del escrito es con la relación que hace entre discapacidad y muerte. Otro dice: «me produce un dilema el hecho de que se permita el aborto, que es acabar con una vida que puede comenzar, y en cambio se alarga innecesariamente una vida que quiere acabar«. Esta afirmación provoca

fuerzas discrepancias entre los asistentes. El dinamizador cuestiona que, ya que estamos en un café de la muerte, «¿alguien se ha planteado alguna vez si la eutanasia es una alternativa?«. Una asistente responde que sí que se ha planteado la eutanasia como una salida, y que como no es legal, se plantea el suicidio como única solución; y añade: «las leyes están hechas por gente que sabe mucho pero que no han estado muy cerca de la muerte». Aquí, otro, contestando a la intervención anterior, dice «encuentro contradicciones en todo lo que se ha dicho: en la mayoría de los casos sabemos cuando la vida se acaba, pero no hemos sabido cuando empieza; por lo tanto, los dos actos no son comparables «. Y un participante añade: «no hemos tocado el tema de si después de esta vida, hay algo quizá mejor». Toma la palabra un asistente diciendo: «El hecho de llegar a la muerte en unas circunstancias físicas insoportables hace que la decisión sea muy personal«.

La conversación se va animando y es que el tema es muy interesante. Un hombre explica el caso de un conocido, que estuvo 25 años casado, y al final, a la mujer le diagnosticaron un cáncer. La mujer murió. Y él, a pesar de afirmar que los últimos cuatro meses fueron muy duros, cuando se le preguntaba si cambiaría algo, contestaba que del final no cambiaría nada, en todo caso cambiaría cosas del principio.

«En nuestra sociedad estamos abandonando fundamentos y valores, como el dolor, que en algunos casos podría ayudarnos a salir adelante«, afirma otro; y continúa: «Pongo en duda cómo la sociedad trata el dolor, en lugar de afrontarlo, huimos de él despavoridos«. A partir de aquí se produce un debate muy intenso sobre el dolor, con afirmaciones como: «una madre puede salir reforzada tras el dolor de tener un hijo«; «me refiero al dolor que provoca lágrimas, no al dolor que provoca gritos«; «no es necesario pasar siempre dolor, pero a veces ponemos demasiado ‘parches’ para taparlo, y, creo que el dolor nos puede ayudar a sentirnos vivos«. Uno explica la experiencia de un scerdote que estaba muriendo en medio de fuertes sufrimientos físicos, y que por sus creencias, no pedía sedación; però al final no lo aguantó más y lo pidió, y finamente murió sin dolor. «Tenemos miedo de sofrir dolor, pero es un tema muy complejo y personal: la misma experiencia es diferente en cada persona«. «El dolor y el sufrimiento son cosas diferentes» afirma otro, «hay muchos matices».

Un participante abre otro tema: «Nos tenemos que poner todos de acuerdo en una cosa: que la vida tiene un final, y esta afirmación no habla de la muerte, habla de la vida«, y añade: «nadie sabe qué hay detrás, y eso no es relativo, es absoluto». «Es lo único con lo que todo el mundo está de acuerdo: la vida tiene un límite», concluye. Otro añade: «el resto depende de las creencias de cada uno. Es un tema más de fe que de razón, y esto se demuestra con lo que dicen (incluso médicos) de las experiencias de personas que han sufrido paros cardíacos y han vuelto». Otro afirma «de la misma manera que cuando nacemos, venimos de algún lugar; cuando morimos, iremos a otro lugar; y si pensamos eso, todo se hace más llevadero«, añadiendo que» la idea que tenemos de después de la muerte a veces nos puede reconfortar». Y una participante afirma «a mí el ‘no-ser’ me angustia«.

El tema da un giro y empiezan a hablar sobre el duelo: «cuanto mayor es lo que pierdes, mayor es el duelo«; «El duelo es personal de cada uno, todo el mundo lo afronta como puede o sabe«; «Nadie puede decir qué nos pasará cuando suframos una pérdida«.

En este momento, dos de los participantes comienzan un interesante vis a vis, que el resto de participantes escuchan con atención: «este ideal que dice que lo que viene después de la muerte nos reconforta, a veces no se produce, y más cuando desde pequeños ya nos inculcan que si nos llevamos mal iremos al infierno»; «Creo que el confort se produce justo antes de la

muerte». Jordi interviene afirmando: «es muy interesante lo que decís y veo que los dos estáis persiguiendo la razón«. El debate continúa candente: «precisamente con lo que digo, estoy dejando la razón a un lado, ya que hay algo más allá de la razón, y la respeto, pero no creo que lo sea todo»; «esto no es tan importante, porque este concepto cambia en otras sociedades»; «hablar de la muerte es muy personal, pero yo creo que de verdad sólo hay una, la mía, y cuando la gente llegue a su momento final, ya se encontrarán con ‘mi’ verdad»; «no soy muy racionalista para nada, pero considero que la razón es lo mínimo, y es lo único que tenemos»; «esto es una visión muy masculina, y hemos de dejar entrar valores más femeninos»; «los valores no son ni femeninos ni masculinos, sólo son humanos» …

Jordi Abad interviene cuestionando: “¿las mujeres ven la muerte de manera diferente a los hombres ?. Un participante afirma «para mí es interesante pensar que la muerte da sentido a la vida, y la vida está llena de duelos pequeños y grandes. Otro concepto es aferrarse a la vida, y esto depende de si piensas que después hay algo más o no». «Si pensamos que sólo hay una vida, la aprovecharemos más«. Otro responde: «a mí me da igual lo que haya después«.

Otro hombre interviene volviendo el debate de la eutanasia: «a mí me da más miedo que se muera gente de mi alrededor que no mi propia muerte«. La respuesta no se hace esperar: «he pensado y pienso que ahora hay circunstancias en las que podemos decidir: tenemos la opción de decir que si no hay soluciones ni nada que se pueda hacer, que no se alargue innecesariamente la vida sin calidad». Las intervenciones giran sobre el documento de voluntades anticipadas (DVA): «facilita la propia muerte de cara a las personas que tenemos alrededor». «En un anterior Café de la Muerte asistieron dos personas que no querían continuar viviendo porque estaban cansadas de vivir» explica una asistente que había celebrado otras sesiones de DC. Y añade «no encontraban sentido a la vida pero todavía eran autónomas, y por ello, antes de tener incapacidad, preferían irse«. La respuesta de una participante es: «creo que el debate no es el derecho del individuo a acabar con su vida, derecho que ya tiene, sino el derecho que el estado pueda decidir acabar con la vida de alguien» . Un asistente opina «cuando hablamos de pedir que legislen la eutanasia le damos poder al estado, ya que nosotros no sabemos ni dónde, ni cuándo, ni de qué moriremos»; «El cuerpo cada vez vive más años y provoca más demencias, en estos casos, ¿quien decidirá por ti?«. «Esto lo deberíamos pensar mucho antes» añade otra. Interviene una mujer explicando que su madre tenia alzheimer y, para ella, la vida de su madre dejó de tener sentido cuando dejó de pintarse los labios: «ya no era ella». Y reflexiona: «cuando yo no sea capaz de valerme, ¿cómo reaccionarán todos?». Afirmación a la que otro responde: «un enfermo dependiente puede continuar vivo para dar sentido a la vida de otra persona«. Se explica el caso que sucedió en Francia, en el que la muerte de una persona enfrentó miembros de la misma familia e incluso la opinión pública francesa: unos a favor de la eutanasia y otros, en contra.

Se reconduce el debate con otra pregunta: “¿lo más importante es saber dejar marchar?”. Las respuestas no se hacen esperar: cada uno muere dependiendo de su entorno»; «a veces las mismas parejas sentimentales no dejan marchar»; «del mismo modo que hemos venido sin nada, nos iremos sin nada, por lo tanto, no hay que aferrarse a nada, no tiene sentido«. «A veces no dejamos marchar esperando algún descubrimiento médico, que no llega nunca«, añade otra. Y un contesta: «¿no crees que cuando hay alguien que se quiere morir, es una falta de respeto hacerlo aguantar esperando soluciones?«.

Interviene Jordi Abad diciendo: «yo sí que he pensado en mi propia muerte y me angustia el hecho de dejar la decisión en manos de alguien» (que no puede ser un familiar). Todos están de acuerdo en que todo el mundo debería conocer cuáles son las voluntades del que muere.

Una confiesa que cuando su padre estuvo hemipléjico, no le dejó marchar, y ahora sabe que aquello fue un acto egoísta: «él decidió dejar de comer, y yo le obligué con una sonda nasogástrica». Ahora me pregunto: «¿le hice feliz?«. «Posteriormente, con mi madre que sufrió alzheimer, ya no actué igual». A veces pienso si esa forma de vivir era vida y si él sufría o no. La respuesta de otro es «no somos quien para juzgar a nadie, no podemos decir si haces bien o no». Y otro añade: «cuando sabes que se acerca el final, le das más sentido a la poca vida que te queda«. «La eutanasia tiene sentido si la consideramos una opción», afirma otro.

Un participante sentencia: «realmente la gente que quiere morirse es poca», y otro responde «una ley que no afecta a muchos es una mala ley»; «La muerte, que la decida la inteligencia emocional».

Desgraciadamente el tiempo se acaba y han quedado muchas cosas por decir, muchas reflexiones y muchos sentimientos que compartir. Jordi confiesa que este Café de la Muerte ha sido el más intenso de todos los que ha organizado hasta ahora. Agradece las aportaciones hechas desde lo más íntimo y da por terminada este reunión, repartiendo un cuestionario de valoración para que lo rellenen de manera anónima y una frase de una persona famosa relacionada con la muerte, que cada uno de los asistentes comparte en voz alta con el resto.

Este Café de la Muerte tuvo lugar en Cítric Cafè, de Barcelona, el viernes 28 de Febrero de 2020.

 

Versió Català

“Poso en dubte com la societat tracta el dolor: en lloc d’afrontar-lo, en fugim esperitats”

Un grup de persones desconegudes es van reunir el divendres 28 de febrer per parlar i compartir opinions relacionades amb la mort. Sense ideologies, sense dol, i al voltant de cafès i pastes, van parlar del que tots tenim en comú: que un dia morirem. Aquestes reunions s’anomenen Cafès de la Mort (death cafe)

Els assistents van anar arribant puntualment i amb certa curiositat van anar prenent lloc al voltant d’una taula. Després de les presentacions, Jordi Abad, dinamitzador d’aquesta trobada, va agrair la bona acollida i l’interès mostrat i a continuació va explicar què és un Cafè de la Mort i quan i on sorgeix la idea d’organitzar-los, afegint que l’objectiu és naturalitzar la mort, parlant sense tabús, sense pretendre extreure’n conclusions, d’una manera relaxada i sense confrontacions, al voltant d’una tassa de cafè, amb desconeguts, en un context diferent, en un ambient distès i amb altres punts de vista. Finalment va puntualitzar en què com que no es tracta de fer ni teràpies ni dols, per a un bon funcionament s’intentarà no aprofundir en experiències massa personals. Confessa que és un tema que el fascina, i el que pretén es parlar de la mort amb llibertat i, per què no, amb humor.

Per trencar el gel, reparteix un full a cada assistent, en el què hi ha copiat el text d’una ‘Carta al Lector’ publicat al Periódico del mateix dia 28 de febrer:

El debat de l’eutanàsia

Quan arriba l’hora

Viure en un país on les lleis també es preocupen que si la societat vol, pugui, és més saludable. Ahir va ser el divorci, l’avortament, el matrimoni entre el mateix sexe; avui és l’eutanàsia. Per a mí potser sigui al més important, sobretot pel meu estat físic, no per la meva manera de pensar (espero no utilitzar-la mai). Si un dia, far de viure perquè tot em fa mal i tot m’entristeix, sé que hi és perquè lliurement i sense haver d’implicar ningú pugui utilitzar-la. Estic parlant de mi perquè sembla que pel fet de tenir el cos paralitzat la gent vulgui marxar de la vida, i no és així.

El cert és que la majoria de la societat et refusa, darrerament menys. I si a això li afegeixes que l’Administració no et té en compte, la vida es converteix en una lluita diària i, en alguns casos, com el de Ramón Sampedro, et porten al suïcidi. Això no vol dir que perquè l’eutanàsia sigui legal, aprofito i la utilitzo.

Jo no m’he divorciat, no he avortat i no m’he casat amb ningú del meu mateix sexe; però infinitat de persones d’aquest país han agraït que també es legisli perquè la vida sigui més portable i, en definitiva, més feliç. En el cas de l’eutanàsia sembla que sigui contradictori, però la felicitat també és morir quan arriba la teva hora, no quan ho decideixi una màquina que eternitza una agonia latent. Les persones amb discapacitat –ajudades amb uns serveis suficients- seran les últimes que facin ús d’aquesta llei.

Andrés Hinarejos. Pensionista. Barcelona

A partir d’aquí els assistents van anar prenent la paraula i van anar desgranant què és el que opinen: “l’eutanàsia encara està molt lluny”; “és molt interessant, és una decisió que

és irrevocable, no podem tornar enrere”. Jordi matisa que ell amb el que es quedaria de l’escrit és amb la relació que fa entre discapacitat i mort. Un altre diu: “em produeix un dilema el fet que es permeti l’abortament, que és acabar amb una vida que pot començar, i en canvi allarguen innecessàriament una vida que vol acabar”. Aquesta afirmació provoca forces discrepàncies entre els assistents. El dinamitzador qüestiona que, ja que som en un cafè de la mort, “algú s’ha plantejat alguna vegada si l’eutanàsia és una alternativa?”. Una assistent respon que sí que s’ha plantejat l’eutanàsia com una sortida, i que com que no és legal, s’ha plantejat el suïcidi com a única solució; i afegeix: “les lleis estan fetes per gent que sap molt però que no han estat gaire a prop de la mort”. Aquí, un altre, contestant la intervenció anterior, diu “trobo contradiccions en allò que s’ha dit: en la majoria dels casos sabem quan la vida s’acaba, però no hem sabut quan comença; per tant els dos actes no són comparables”. I un participant afegeix: “no hem tocat el tema de si després d’aquesta vida, hi ha alguna cosa potser millor”. Pren la paraula un assistent dient: “El fet d’arribar a la mort en unes circumstàncies físiques insuportables fa que la decisió sigui molt personal”.

La conversa es va animant i és que el tema era molt interessant. Un home explica el cas d’un conegut, que va estar 25 anys casat, i al final, a la dona li van diagnosticar un càncer. La dona va morir. I ell, tot i afirmar que els últims quatre mesos van ser molt durs, quan se li preguntava si canviaria alguna cosa, contestava que del final no canviaria res, en tot cas canviaria coses del principi.

En la nostra societat estem abandonant fonaments i valors, com el dolor, que en alguns casos ens podria ajudar a tirar endavant”, afirma un altre; i continua: “Poso en dubte com la societat tracta el dolor, en lloc d’afrontar-lo, en fugim esperitats”. A partir d’aquí es produeix un debat molt intens sobre el dolor, amb afirmacions com: “una mare pot sortir reforçada després del dolor de tenir un fill”; “em refereixo al dolor que provoca llàgrimes, no al dolor que provoca crits”; “no cal passar sempre dolor, però a vegades posem massa ‘pegats’ per tapar el dolor, i, crec que el dolor ens pot ajudar a sentir-nos vius”. Un explica l’experiència d’un capellà que s’estava morint enmig de forts patiments físics, i que per les seves creences, no demanava sedació; al final, però, no ho va aguantar més i ho va demanar, i finament va morir sense dolor. “Tenim por de sentir dolor, però és un tema molt complex i personal: la mateixa experiència és diferent en cada persona”. “El dolor i el patiment són coses diferents” afirma un altre, “hi ha molts matisos”.

Un participant obre un altre tema: “Ens hem de posar tots d’acord en una cosa: que la vida té un final, i aquesta afirmació no parla de la mort, parla de la vida”, i afegeix: “ningú sap que hi ha al darrera, i això no és relatiu, és absolut”. “És l’únic amb el que tothom està d’acord: la vida té un límit”, conclou. Un altre afegeix: “la resta depèn de les creences de cadascú. És un tema més de fe, que no pas de raó, i això es demostra amb el que diuen (fins i tot metges) de les experiències de persones que han patit aturades”. Un altre afirma “a l’igual que quan naixem, venim d’algun lloc; quan morirem, anirem a algun lloc; i si pensem això, tot es fa més suportable”, afegint que “la idea que tenim de després de la mort a vegades ens pot reconfortar”. I una participant afirma “a mi, el no-ser m’angoixa”.

El tema dona un gir i comencen a parlar sobre el dol: “quant més gran és el que perds, més gran és el dol”; “el dol és personal de cadascú, tothom l’afronta com pot o sap”; “ningú pot dir què ens passarà quan patirem una pèrdua”.

En aquest moment, dos dels participants comencen un interessant vis-a-vis, escoltat amb atenció per la resta: “aquest ideal que diu que el que ve després de la mort ens reconforta, a vegades no es produeix, i més quan des de petits ja ens inculquen que si ens portem malament anirem a l’infern”; “crec que el confort es produeix just abans de la mort”. Jordi intervé afirmant: “és molt interessant el que dieu i veig que els dos esteu perseguint la raó”. El debat continua candent: “precisament amb el que dic estic deixant la raó a un costat, ja que hi ha alguna cosa més enllà de la raó, i la respecto, però no crec que ho sigui tot”; “això no és tan important, perquè aquest concepte canvia en altres societats”; “parlar de la mort és molt personal, però jo crec que de veritat només n’hi ha una, la meva, i quan la gent arribi al seu moment final, ja es trobaran amb la ‘meva’ veritat”; “no sóc gaire racionalista per a res, però considero que la raó és el mínim, i és l’únic que tenim”; “això és una visió molt masculina, i cal que deixem entrar valors més femenins”; “els valors no són ni femenins ni masculins, només són humans”…

Jordi Abad intervé qüestionant: “les dones veuen la mort de manera diferent als homes?”. Un participant afirma: “per a mi és interessant pensar que la mort dona sentit a la vida, i la vida està plena de dols petits i grans. Un altre concepte és aferrar-se a la vida, i això depèn de si penses que després hi ha alguna cosa més o no”. “Si pensem que només hi ha una vida, l’aprofitarem més”. Un altre respon: “a mi em dona igual el que hi ha desprès”.

Un intervé tornant el debat de l’eutanàsia: “a mi em fa més por que es mori la gent del voltant que no pas la meva pròpia mort”. La resposta no es fa esperar: “he pensat i penso que ara hi ha circumstàncies en les que podem decidir: tenim l’opció de dir que si no hi ha solucions ni res més a fer, que no m’allarguin innecessàriament la vida sense qualitat”. Les intervencions giren sobre el document de voluntats anticipades (DVA): “facilita la pròpia mort de cara a les persones que tenim al voltant”. “En un anterior Cafè de la Mort van assistir dues persones que no volien continuar vivint perquè estaven cansades de viure” explica una assistent que havia celebrat altres sessions de DC. I afegeix “no trobaven sentit a la vida però encara eren autònomes, i per això, abans de tenir incapacitat, preferien marxar”. La resposta d’una participant és: “crec que el debat no és el dret de l’individu a acabar amb la seva vida, dret que ja té, sinó el dret que l’estat pugui decidir acabar amb la vida d’algú”. Un assistent opina “quan parlem de demanar que legislin l’eutanàsia li donem poder a l’estat, ja que nosaltres no sabem ni on, ni quan, ni de què morirem”; “el cos cada vegada viu més anys i provoca més demències, en aquests casos, qui decidirà per tu?”. “Això ho hauríem de pensar molt abans” afegeix una altra. Intervé una dona explicant que la seva mare patia alzheimer i, per a ella, la vida de la seva mare va deixar de tenir sentit quan va deixar de pintar-se els llavis: “ja no era ella”. I reflexiona: “quan jo no sigui capaç de valer-me, com reaccionarà tothom?”. Afirmació a la què un altre respon: “un malalt dependent pot continuar viu per donar sentit a la vida d’una altra persona”.

Aquí ara s’explica el cas que va succeir fa poc a França, on la mort d’una persona va enfrontar membres de la mateixa família i fins i tot l’opinió pública francesa, uns a favor de l’eutanàsia i els altres en contra.

Es recondueix el debat amb una altra pregunta: “al més important és saber deixar marxar?”. Les respostes no es fan esperar: cadascú mor depenent del seu entorn”; “a vegades les mateixes parelles sentimentals no deixen marxar”; “de la mateixa manera que hem vingut sense res, marxarem sense res, per tant, no cal aferrar-se a res, no té sentit”. “A vegades no deixem marxar esperant algun descobriment mèdic, que no arriba mai”, afegeix una altra. I un contesta: “no creus que quan hi ha algú que es vol morir, és una falta de respecte fer-lo aguantar esperant solucions?”.

Intervé Jordi Abad dient: “jo sí que he pensat en la meva pròpia mort i m’angoixa el fet de deixar la decisió en mans d’algú” (que no pot ser un familiar). Tots estan d’acord en què tothom hauria de conèixer quines són les voluntats del que mor. Una confessa que quan el seu pare va estar hemiplègic, no el va deixar marxar, i ara considera que allò va ser un acte egoista: “ell va decidir deixar de menjar, i jo el vaig obligar amb una sonda nasogàstrica”. Ara, qüestiono: “el vaig fer feliç?”. “Posteriorment, amb la meva mare que va patir alzheimer, ja no vaig actuar igual”. A vegades penso si aquella forma de viure era vida i si ell patia o no. La resposta d’un altre és “no som qui per jutjar ningú, no podem dir si fas bé o no”. I un afegeix: “quan saps que s’apropa el final, li dones més sentit al poc de vida que queda”. “L’eutanàsia té sentit si la considerem una opció”, afirma un altre.

Un participant sentencia: “realment la gent que vol morir-se és poca”, i un altre respon “una llei que no agrupa molt és una mala llei”; “la mort, que la decideixi la intel·ligència emocional”.

Malauradament el temps ha arribat al final i han quedat moltes coses a dir, moltes reflexions i molts sentiments per compartir. Jordi Abad confessa que aquest Cafè de la Mort ha estat el més intens de tots els que ha organitzat fins ara. Agraeix les aportacions fetes des del més íntim i dona per acabada aquesta trobada, repartint un qüestionari de valoració perquè l’omplin de manera anònima i una frase d’una celebritat relacionada amb la mort, que cadascun dels assistents comparteix en veu alta amb la resta.

Aquest Cafè de la Mort va tenir lloc al Cítric Cafè, de Barcelona, el divendres 28 de febrer de 2020.

 

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